07 febrero 2006

El otro viaje.

Santa Clara, provincia de Villa Clara, Cuba, en la plaza del Che, a quien el pueblo ama con valor. Enero del 2006.

Si cierro los ojos aún veo el brillo de las miradas, el orgullo de las ideas, la rabia, el ánimo, las palabras.
Si cierro los ojos aún veo las calles, el viento cálido, el amor, la confianza, el olor del mar, horas de conversación.

Si cierro los ojos aún veo la casa de Omar, la risa sin dientes, las lágrimas que aprendí a llorar, juegos de acera descalzos, colores que no sabía, trabajo, canciones.
Si cierro los ojos aún veo miradas que no se me quitan de la cabeza…
Fue un viaje largo, quizás duró siempre, para aprender que no es fácil entender. Para aprender otra risa y otro llanto nuevos, otro mundo del que ya no se puede volver si no es abriendo los ojos.

20 enero 2006

Mis rosas.

La enorme puerta verde de tu portal.
El tiempo que se paró durante un segundo.
Una vela naranja.
Los dedos de tus pies entre mis dientes.
El olor de tus rodillas.
La noche que no quiso terminar.
Norah Jones acariciando el aire.
Miedo.
¿Miedo? Para qué.
La piel de un gemido, o de un suspiro, o de aquello que se instaló en nuestra vida, la que cambió desde entonces, la que no se esperaba llegar instantes antes y era tan esperada.
Aquel piano.
Aquel deseo.
Tu olor de mares desconocidos.
Los dedos de tus pies.
Una mirada delgada como un hilo de luna.
Un paraíso.
La enorme puerta verde de tu portal; Tras ella un mundo que recibo como el sol para las rosas de mi vida.

03 enero 2006

Palabras de compartir.

Brillarás conmigo
luz de tantas luces
tantas veces nombrada.
Correrás en mí
agua para beber
de quien bebe mi mirada.
Brotarás mi vida
pan que me das de comer
comida para mi alma.



Estas palabras son para Aynna, ella sabe por qué. Un beso y mucha fuerza para seguir el camino.

13 diciembre 2005

El beso.

Castillo de Mogadouro, Portugal, en una
mañana de amor y niebla de diciembre.

Esta vez fue muy distinto. No llegué allí para llorar, si no para cubrirme con sus abrazos, con la música que siempre anda debajo de su piel. Por que ella siempre tiene música debajo de su piel.
Me dijo: “Dame un beso.”
Yo cerré los ojos para sentir con el alma aquel silencio de siglos que nos rodeaba, aquellas piedras, las campanas dormidas, el frío del norte, sus labios siempre rojos y brillantes.
“A veces te sueño -le dije- desnuda junto a mi deseo.”
La música y el silencio se amaron durante un instante en medio de aquella plaza sin pisadas.
“Lo sé.” Me dijo ella. Yo seguía con los ojos cerrados viendo los suyos entrar dentro de mí, y sus labios de luna creciendo, despacio, siempre aprendiendo, como crecen las cosas verdaderas. “Me gusta tanto vivir en tu sueño…”
Nos besamos. Hoy sigo cerrando los ojos, recordando aquella canción bajo su piel. Por que ella siempre tiene música bajo su piel.



El besu.

Enagora foi abondo distintu. Nun aporté ellí pa llarimar, si non p’anubrime colos abrazos sos, cola música qu’apianca yá enbaxo’l pelleyu de so. Porque ella siempre tien música enbaxo’l pelleyu.
Díxome: “Dame un chuchu.”
Pesllé los mios güeyos pa sentir col ánima aquelli silenciu de sieglos que mos arrodiaba, aquellos morrillos, les campanes murnies, el fríu del norte, los llabios de so yá arroxaos y brillantes.
“Dacuando suañote – dixe-y – corita xunta’l naguar de mio”
La música y l’silenciu amárense enaína metá la plaza aquella sin resclavos.
“Selo” Dixome ella. Yo siguía colos güeyos pesllaos viendo los sos entrar dientro de min, y los sos llabios de lluna xorreciendo, seliquino, siempre deprendiendo, como xorrecen les coses verdaderes. “Préstame bien vivir nel to suañu.”
Besámonos. Güei sigo pesllando los güeyos, memoriando aquel canciu enbaxo’l pelleyu de so. Porque ella siempre tien música enbaxo’l pelleyu.

29 noviembre 2005

Sexo de sirena.


Conocí a una persona con sexo de sirena. No bastó el agua para saciar la sed, ni bastó el pan para saciar el hambre. Tampoco las estrellas para iluminar la noche, ni todas las hojas rojas para cubrir el otoño. Conocí a un ser hecho de lágrimas de nieve y olor salado. Hecho de piel. Hecho de alma. Hecho de cantos antiguos a miedos nuevos, nuevos cantos para arcaicos sufrimientos. Conocí a una persona con sexo de sirena que me enseñó a no olvidar de dónde vengo.


Sesu de serena.

Conocí a una persona col sesu de serena. Nun fue abondo l’augua pa fartar la sede, nin fue abondo’l pan pa fartar la fame. Tampocu les estrelles p’allumar la nuechi, nin toles fueyes roxes pa llumbrir l’otoñu. Conocí un ser fechu de llárimes de ñeve y golor saláu. Fechu de piel. Fechu d’ánima. Fechu de cancios antiguos pa serpíos, cancios mozos pa aneyes sufrencies. Conocí a una persona col sesu de serena que deprendiome a nun escaecer d’onde vengo.

18 noviembre 2005

Abrigo.

Amor,
hoy la noche es fría,
me cubriré con el traje
que tus besos tejieron para mí.
Anidaré en tus manos
mi presencia de nube,
mi lluvia de silencios,
el cariño que cada día crecemos
como crece el viento en su bosque.
Amor,
hoy la noche es fría,
déjame arremolinarme en tí.

16 noviembre 2005

Otoño.

El bosque de mi alma
se desnuda
cuando agitas
el viento de tu mirada.
Es amor,
y otoño,
amor.

03 noviembre 2005

Piel.

Quiero hacer de tu cuerpo
un juego sin perdedores
una dulce brisa
un bosque en otoño.

Quiero hacer de tu cuerpo
una lluvia creciendo
una luna mojando
un camino de sol entre los besos.

Quiero hacer de tu cuerpo
amor
lo que en tu cuerpo siento.

16 octubre 2005

Soledad.

Fue difícil marchar. Nunca aprendí a irme, al menos no del todo. Cómo se puede marchar completamente sin dejar allí un rastro de lágrimas o un trozo de alma. Cómo marchar completamente cuando el olor dulce de su cuerpo juega aún entre mis dedos, cuando se sienten los besos pegados por dentro a la piel, cuando se cierran los ojos y todos los caminos conducen a su espalda, cuando se escuchan palabras sin voz que vienen de su boca.
Fue difícil. Ahora estoy aquí y a la vez aún no vine, porque sigo maullando enroscado en su vientre, sintiendo su respiración que mece mis sueños y mis manos. Las manos de tocar, las manos de crecer, las manos de hablar cuando enmudezco, las manos.
Fue difícil, pero ahora por fin sé por qué se llora cuando no se llora de tristeza.

14 octubre 2005

Nubes.



Ayer atardeció así para mis ojos. No puedo guardarlo en un cajón, así que vengo para decirlo. Abajo llovía, arriba el azul era negro, en medio mi corazón recordaba cada beso que di en las tardes rojas de poniente.