
Oscuridad de sombras que descienden
por las laderas de tus palabras.
Silencios fríos, dolientes,
que hundes en mí como pasos que se alejan
furtivos
después de pisar las flores
que sembré en primavera.
Hay sabor de desamores entre mis dedos
y tu risa,
como un eco,
rompiendo el instante dulce de mirarte sin miedo,
corre de un lado a otro por el jardín.
Clavé en mis pies descalzos
la espina que olvidaste al marchar
como se marchan las nubes
después de mojar los patios.
Mi boca quedó abierta por tu ausencia
mis puños cerrados
mi rabia ahogada en vasos de soledad
y charlas sin sentido.
Hablar sin ganas
comer sin hambre
y esa sed inconfesable de mirar tus ojos.
Y esas ganas de besarte.
Y estas manos vacías.





