Yo quise brindar por ella en aquel bar y me encontré con su chaqueta verde en un banco de la calle.
La busqué para ponérsela sobre los hombros y me perdí también.
Busqué entonces a su fantasma entre tanto ruido y tanta gente y me encontré al fin sentado en una piedra.
No sé qué esperaba, pero allí estaba mirando las calles en blanco y negro ahogado en un color de algodón torpe. Confieso que soy daltónico.
Deshojé una margarita y me dijo que no me querría, pero la encontré de nuevo sentada en una piscina vacía y con los pies colgando me besó.
Ella confesó que era modelo y dejó el mundo como la piscina al irse.
Después la vi en un gran cartel en la parada del autobús.
Yo seguía con mis pies colgando.
Ella con su chaqueta verde.

Otra calle.





